"Maldiciendo además con entusiasmo a quienes no crean en él, el tunante promete los
cielos a todos los tontos que le escuchen. No escribe nada, dada su ignorancia; habla muy
poco, dada su imbecilidad; hace aún menos, dada su debilidad, hasta que cansando finalmente
a los magistrados, impacientados por sus discursos sediciosos, aunque muy raros,
el charlatán se hace crucificar tras haber asegurado a los pillos que le siguen que, cada
vez que lo invoquen, descenderá a ellos para que se lo coman. Le torturan, él deja que lo
hagan. El señor su padre, ese Dios sublime de quien osa decir que desciende, no le presta
la menor ayuda, y ya tenemos al tunante tratado como el último de los criminales, de los
que tan digno era de ser el jefe." La filosofía en el tocador
Pues con este párrafo, espero que los blasfemos queden intrigados, un muy buen libro excitante lectura que no solo ilustra a Eugena si no al que lo lee también. Un libro echo por un enfermo para enfermos y para los que deseen contagiarse de esta enfermedad, la Lujuria.
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