De nada sirve ser uno mismo,
de nada sirve intentar tener otra cara,
si la soledad se encuentra en tu morada,
se quedara postrada sin prisa,
hasta que la luz de tus ojos de valla,
es como aquel perro viejo,
que te acompaña vallas a donde vallas,
ahuyentando cualquier esperanza,
robando tus sueños,
llevándote en silencio
a ese mundo de sombras
extrañas, a ese mundo,
donde la voz es el viento
y la tenue luz no alcanza
a iluminar tu pálida cara,
donde respirar es casi una puñalada
y el frío es tan intenso,
que congela tu alma,
y no hay palabras de consuelo
que apoquen tú desgracia.
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